Emigrante polÃtica
Nació antes de que terminara la segunda guerra mundial en Francia.
Sus padres eran los dos de una pequeña ciudad, provincia de España pero vivieron casi toda su vida en Francia.
Su abuelo materno tenía una ideología comunista, he hizo una huelga, por ello nadie luego le daba trabajo y por eso en 1914, cuando empezó la primera guerra mundial tubo que emigrar a Francia. Hay que tener presente que una de las causas del estallido de la guerra fueron las contradicciones imperialistas y la crisis del capitalismo y que la mayoría de dirigentes apoyaron a la burguesía por lo que los trabajadores se quedaron prácticamente desamparados.
Su madre se fue en 1.918, cuando estaba finalizando la guerra, en Francia se asienta la familia y se adaptan a su nueva situación.
Su padre fue un luchador de la Guerra Civil Española republicano, aquellos que eran fieles al gobierno de la Segunda Republica y que se enfrento al que luego sería dictador de España durante cuarenta años Francisco Franco. Por ello fue capturado y llevado a uno, de los tantos campos de concentración que había en el su de Francia. De allí de escapo y pensó que tenía unos familiares cerca, también en el sur del país que le podrían ayudar. Efectivamente le ayudan y además de todo ello, conoce a su prima y futura mujer con la que se casa en 1942, en plena segunda guerra mundial.
El matrimonio vive en Francia y ella se siente totalmente adaptada y francesa en cambio él vive con la esperanza de volver a España.
En 1945 nace en Francia nuestra protagonista, crece en un país cuya reconstrucción después de dos sendas guerras iba a ser difícil: tenía un déficit demográfico, sufría una serie de tensiones sociales (los obreros empezaban a unirse de nuevo) y se produce una reestructuración económica que produce concentraciones industriales. Pese a todo ello ella crece feliz, educada de forma liberal e integrada en la sociedad francesa.
En 1949, con cuatro años, va por primera vez a España. Cuando llega no sabe hablar español pero a los quince días no solo habla castellano sino valenciano, incluso. Su primera impresión fue maravillosa, era un país diferente: había tierra en la calle donde jugar, tenía una familia muy expresiva que la adoraba pero la comida…le sorprendieron con un caldo de fideos amarillo, horror! ella nunca había visto en un plato ese color.
También recuerda como la riñeron por hablar de política, hemos de pensar que en 1949 solamente hacía 10 años del final de la guerra civil y que el país se encontraba en plena dictadura. Le dijeron ¡calla! ya nunca más ha vuelto hablar de ello.
A los tres meses volvió a Francia y al llegar ya no hablaba francés aunque pronto volvió a recuperarlo: nunca más lo perdería.
Frente a la añoranza de su padre ella fue volviendo a España cada dos o tres años y a los 12 años viene con una tía suya con la cual iba a regresar a Francia. Al llegar a Barcelona, ya en el tren, su tía tuvo que ir a sellar los visados y le dijo que se quedará allí sentada esperándola. Pero el tren empieza a ponerse en marcha y su tía no había venido, asustada, sin dinero y sin visado siente pánico. En ese momento un señor con un sombrero muy elegante le dice “no te preocupes, en la próxima estación yo te diré quien es la policía secreta y tu les dices lo que te ha pasado” ella asustada hace caso del Señor, baja les explica a la policía y vuelve a subirse al tren, el señor le sonríe, ella se siente más tranquila y él le da 100 pesetas y en la siguiente parada se baja.
Al llegar a la frontera la Guardia Civil, un cuerpo militarizado de la policía española, le dice que baje ella, que no sabe que hacer, les hace caso, la retienen sin más explicaciones allí hasta que en el siguiente tren llego su apurada tía.
A los 16 años vuelve a España y aquí conoce a su futuro marido, con el que años después se casará. Se integra en la sociedad española con unos cambios sociales y culturales grandísimos respecto a la francesa. Ella es consciente de que su actitud liberal y extrovertida le causara problemas y así es: lo que se esperaba de una joven en esos momentos en España era recatamiento, casi sometimiento y sumisión. Nunca ella pudo adaptarse a esta moral.
Recuerda como la miraban por el simple hecho de llevar minifalda o botas altas.
Una vez comprometida formalmente con su novio, con el que se casaría en 1966 nunca más le dejarían llegar más tarde de las diez a casa. El recato estaba presente continuamente, por supuesto las parejas no podían besarse en público porque eran multadas.
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